La Comedia Municipal de Teatro estrenó el Dragón de Fuego

Fue en el marco de las actividades por los derechos humanos. Hoy a las 21 se presentará el Diario de Ana Frank.  
El dragon de fuego
La Comedia Municipal de Teatro del Partido de la Costa estrenó anoche el Dragón de Fuego, de Roma Mahieu, en el marco de las actividades por los derechos humanos en memoria al día de la diversidad cultural. El encuentro se realizó en el Teatro del Sol, Chiozza 2047, San Bernardo. La sala contó con un buen número de espectadores que se dispuso a compartir y emocionarse con una historia llena de dolor y sufrimiento.

La obra fue protagonizada por Analía Sever y Alejandro Cacciabue personificando a los personajes de Eva y Ángel. La dirección estuvo a cargo del profesor Rubén Spinacci. Dentro del mismo marco reflexivo, se invita a presenciar, hoy a partir de las 21, el Diario de Ana Frank, en el Teatro del Sol, con entrada libre y gratuita.

Crónica del Dragón de Fuego

Pasadas las 21.30 el público comenzó a acomodarse en los respectivos asientos de la sala del Teatro del Sol. De momento, La escena ya condicionaba: los actores acostados en una cama precaria, botellas de alcohol tiradas, ropa colgando y en el suelo, una mesa de luz con una cantidad de objetos incalculable, pastillas, cigarrillos, atuendos y objetos propios de la noche. En síntesis, desorden. Un desorden que conducía a una sensación de mugre, suciedad, pesadumbres, cansancio, agotamiento. Sumado a la música de fondo y a las luces tenues, el espectador ingresó a un clima oscuro.

Cuando finalmente las luces se apagaron, dos almas cobraron vida: Eva y Ángel. El despertador sonaba sin cesar y ella lo apagó tirándolo. Él se levantó y fue a socorrer al objeto como si fuese un artefacto con vida. Como si cada sonido que emitiera fuera su corazón latiendo. Allí se confirmaron las sensaciones del principio, el cansancio, el agotamiento, un clima pesado que invadía todo el espacio y a cada uno de los presentes.

Eva, trabajaba y vivía en un cabaret de bajo nivel, de ínfima categoría, en el medio de la ruta. Atrapada en un círculo de vicios que le provocan un deterioro físico y mental, minuto a minuto. Por necesidad, llegó a alternar la prostitución para poder conseguir un mínimo sustento y mantener a su hermano, considerado subnormal. Ángel, cuerpo de grande, mente que la norma clasificaría como de niño. Sin embargo, él tenía la capacidad de percibir lo que le había tocado vivir. Capacidad revestida en una agudeza que cala fuerte, que lástima y abre heridas. Es que en un mundo envuelto de mentiras, la verdad es dolorosa e incómoda, tanto como lo es soportar la llama de una vela en la palma de la mano, sin poder decir nada. El público, parte de la obra, comenzó a notar y sentir en carne propia como esta convivencia llegaba a situaciones límites. Como se desgarraban, a cada instante, ambos personajes.

Eva, bailaba para las bestias que querían observarla y poseerla. Ángel, quería fundirse en su hermana para no estar más solo y compartir el dolor de ella. Un mar de emociones entremezclaba el amor con el odio, la mezquindad con el instinto de supervivencia, la violencia con el cariño. El llanto sobresalió durante toda la pieza pero un pequeño esbozo de alegría, una mínima mueca, una leve sonrisa, era más fuerte que todo. Ese momento duraba nada y rápidamente se caía, nuevamente, en la oscuridad total. La desolación que alberga en el alma de los personajes, los fragmentaba.  Conformaba un universo de abismos profundos, donde latía el abandono, el sacrificio y la pasión.

El tiempo pasaba y una vida tal se vuelve insostenible. Visiones tan diferentes, tan distintas, hacía parecer que entre Ángel y Eva había un mundo. Asimismo, algo más fuerte los unía. Quizás por eso, llegando al extremo mismo, en un acto supremo, se produce la liberación, a través de la entrega de la vida propia. Esa escena final, que provoca escalofríos, desató la emoción contenida del público que, entre lágrimas sinceras, se puso de pie en señal de agradecimiento.

La importancia del compromiso social

Un aplauso sostenido, que duró más de cinco minutos. El llanto colectivo. La reflexión. El comentario de la gente al salir del teatro, que expresaba su sensación y prometía comprender, ser más abiertos, comprometidos con una realidad social que afecta a todos. A eso invita el Dragón de Fuego, de Roma Mahieu, dirigida por el director de la Comedia Municipal de Teatro, Rúben Spinacci y actuada por Analía Sever y Alejandro Cacciabue. Una pieza transformadora, que modifica y que, visibiliza una situación oculta, acallada a través de una historia.

La emoción, el aplauso interminable y la reflexión de los presentes permite llegar a la conclusión de que se puede modificar, aunque sea, el pensamiento de una persona, primer paso para el cambio social.

Para seguir reflexionando: esta noche el Diario de Ana Frank

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La Comedia Municipal de teatro convoca a presenciar el Diario de Ana Frank. A partir de las 21, en el Teatro del Sol, Chiozza 2047, San Bernardo, con entrada libre y gratuita.

La historia se centra en la pequeña protagonista, está oculta con su familia y otra familia judía (los Van Daan), en una buhardilla de unos almacenes de Ámsterdam durante la ocupación nazi de Holanda. Ana Frank con trece años, cuenta en su diario la vida del grupo. Ayudados por dos empleados de la oficina, permanecieron durante más de dos años en el achterhuis (conocido como «la casa de atrás») hasta que, finalmente, fueron delatados y detenidos. La historia se inicia el 12 de junio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944. La obra, transita el tiempo estimado y se puede apreciar el deterioro y la situación extrema de vivir bajo condiciones inhumanas.

La Comedia Municipal de Teatro estrenó el Dragón de Fuego