La historia de vida del “Patinador de la costa”, el hombre que se volvió viral

Ernesto Carci tiene 65 años y se ganó el corazón de los marplatenses ¿Quién es? ¿Cómo se atreve a bailar sobre sus rollers con el torso desnudo, una sunga y un swing sin igual? ¿Está loco? Una charla imperdible escrita por Ninela Teso para Ahora Mar del Plata.

“El presente es el paraíso, está en cada viento. Hay que reconocer el valor del viento que nos da la vida, la profundidad que tiene esto es increíble. La vida es muy valiosa, el tiempo es relativamente corto para lo que es la vida”, dice Ernesto, que es oriundo de Buenos Aires pero vive en Mar del Plata desde el 1 de enero 2008.

El “patinador” tiene 65 años, cumple años este mes y si bien es deportista todo terreno su amor por el patín empezó en la ciudad. “Empecé a patinar en Mar del Plata, arranqué de grande. Siempre me apasionó mucho el deporte, me encanta la natación a mar abierto. Practicaba en invierno en el polideportivo para hacer rutinas en el mar. Hago rutinas de cuatro playas, cruzo los balnearios, me meto bastante adentro. También hago surf, kayak y kite surf que empecé a hacer el año pasado. Poder hacer un deporte es un regalo muy importante. Hago rutinas de entre 8 y 14 kilómetros, ahora estamos en confinamiento y no lo hago, ya que no quiero que la gente se sienta mal”, asegura y se pone serio por un instante.

Su pasión por Mar del Plata es gigante y hasta la considera como “Las Vegas de Sudamérica”. Llegó con sus hijos un primero de enero y jamás decidió irse. Si bien vivió la mayor parte de su vida en Buenos Aires, dice que “ésta es su ciudad” y que las “circunstancias” lo trajeron acá porque a veces uno tiene que encontrar “el momento oportuno”.

Un poco para atrás

“Yo vengo de una familia normal, de clase media, pero de chiquito perfilé a buscar algo más en la vida. Mi padre era maestro mayor de obras y mi mamá de familia. Iba a un colegio privado, de curas, pero ya desde chico pensaba que algo faltaba. Uno es niño, me encantaba jugar, me corrían para darme de comer. No quería dejar de jugar y me corrían con el plato de comida, me daban unos bocados y yo seguía jugando”, recuerda entre risas un Ernesto imparable desde chico.

Luego, de más grande dice que siempre tuvo un “dejo de rebeldía”. “Tuve un fuego interior, una búsqueda, algo en los ojos como un anhelo de encontrar algo en esta vida para sentirme mejor”, revela. Y asegura que a los 22 tuvo una experiencia espiritual que hizo que su vida, su forma de pensar construida de una manera, tomara otro rumbo.

“Yo consideraba a Dios de otra manera, era otra época, se lo emparentaba a Dios con la religión, iba a un colegio católico y nos decían que si el domingo no íbamos a misa y moríamos íbamos al infierno”, cuestiona pero sin criticar la opinión del otro. Plantea de alguna manera “su propia religión” donde cree que la felicidad “está en el interior” y en el “conocerse a uno mismo” despojado de “cosas inútiles”. “Nací, estoy vivo y me voy a morir. A partir de ahí pienso en toda mi vida, me pone en perspectiva. Saber que me voy a morir lo hace, es ahora, uno no tiene control de nada en la vida. Uno es el emperador de su propio universo”, revela.

Tras vivir en Temperley con sus padres, se fue a Capital Federal, estudió Martillero Público, vivió en Barrio Norte para luego de varios años instalarse en Mar del Plata. “Soy martillero y profe de yoga. Hago algunos alquileres ahora y yoga a veces doy en la playa pero no ejerzo. En Capital daba en un polideportivo pero no se me ha dado la oportunidad de hacerlo de modo profesional acá. Sigo practicando porque me gusta hacerlo, pero no estoy enseñando oficialmente porque no se ha dado la circunstancia. Si se diera, lo haría. El yoga concientiza a la gente”, asegura.

El cuerpo al sol, poca ropa, patines y rock and roll

Se ríe cuando Ahora Mar del Plata le pregunta por qué patina en sunga, en cuero y de dónde saca esos increíbles movimientos arriba de los rollers. “Me siento en la gloria, yo cargo mis baterías a full. El sol me encanta, me hace bien, me gusta a mí, a mi cuerpo. Hay cosas que son del cuerpo y otras de la mente. El sol que recibo es para mi cuerpo, disfruto de los sentidos. El sol es para el cuerpo, que la mente lo disfrute está bien, pero el ejercicio, el mar es para el cuerpo”, dice.

En lo que respecta a la música se declara un total fanático de The Beatles y Jimmy Hendrix.“Me gusta el rock en general, también algunas canciones románticas. Yo soy de la época de The Beatles, en ese momento estaba toda esa revolución y psicodelia que para mí fue ‘wow’, una locura. Fue una revolución muy linda porque abrió muchos caminos, una música muy trascendental. Yo viví esa época en el día a día. Le tengo mucho respeto a Jimmy Hendrix, es mi ídolo porque arrancaba de un lugar muy profundo de su interior. Por lo general es esa música la que pongo para salir a patinar”, comenta.

Uno de sus temas favoritos es “Imagine” de John Lennon y lo considera un “emblema de humanidad”, un “himno o canto a la vida”. “De The Beatles todo me gusta, escuchábamos los discos con mis hermanos. Fue una época maravillosa por ese lado y por otro estaban los militares. A mí me metían preso todos los fines de semana por caminar por la calle con el pelo un poco largo. Íbamos a un recital de Spinetta y con la entrada en la mano nos llevaban en micros, nos sacaban de los bares. Y por otro lado estaba la revolución, fue eso. Uno aprendió que el camino a seguir no eran las drogas sino la introspección, algo verdadero y real desde la meditación”, completa.

Cuando empecé a patinar me decían de todo, me criticaban por ir así vestido. Me trataron de homosexual, drogadicto, pero siempre seguí adelante como un rinoceronte, se quién soy y sigo adelante. Poco a poco fue cambiando y la gente me apoya en la calle, hasta los policías se ríen y quieren sacarse fotos conmigo”, señala.

Cuando sale a patinar busca que su disfrute se contagie porque él se siente “más allá” como en una “cuarta dimensión”. “Yo disfruto de verlos felices, arrancarles una sonrisa, lo mío es energía pura. Tengo el corazón de un niño, busco ser simple como son ellos y disfrutar la felicidad desde ese lugar. Cuando uno experimenta esa realidad, uno es libre. Uno está vivo, pero un día nos vamos a morir. El cielo y el infierno están en uno, el amor es más fuerte que el odio”, expresa.

Con una mirada llena de esperanza, de diversión, con la creencia de que hay que agradecer la oportunidad de estar vivo, Ernesto, “El patinador”, “El loco de los rollers”, hace otra de sus tantas revelaciones: “Yo te voy a contar un secreto, yo no ando muy bien en patines, simplemente salgo a disfrutar y a festejar como si fuese un chico. De tanto andar y practicar pude hacerlo. Todo es cuestión de práctica, mi idea siempre es practicar lo bueno”.

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